A un Paso de la Champions
La Real Sociedad mandó el balón al aire y vio las estrellas, las del cielo y las de la pelota que se toca en la Liga de Campeones. En Lyon, qué mejor que allí, los vascos ofrecieron un curso de cómo competir con los mejores.
Los dos goles que le ponen con pie y medio en la fase de grupos estuvieron a la altura de su exhibición. Ese par de tantos pasarán a la historia, la que está por escribir de la Real en la Champions.
Los donostiarras no volvieron a Lyon de turismo. Tenían algo pendiente. Hace nueve años ese partido en ese estadio lo vio un pequeño llamado Antoine junto a su padre, al que le dijo que algún día quería estar ahí. Ese niño era Griezmann, el chaval que no quisieron los franceses por bajito, el pedazo de futbolista que puso la primera piedra de la Real en Gerland para comenzar a escribir un cuento de hadas.
Habíamos pasado el cuarto de hora de partido y la Real Sociedad no se había inmutado. Sus jugadores, novatos casi todos en encuentros de este nivel, parecían llevar cincuenta a sus espaldas. En el 17' Vela (que había mandado un tiro al palo poco antes) puso un balón al corazón del área y por allí apareció Griezmann bajando de aquel asiento en el que estaba en el 2004. De tijera, la clavó con la izquierda. Fue el anuncio de una noche maravillosa.
El gol tardó en asimilarlo el Lyon, que ha perdido peso, pero que sigue teniendo buenos y jóvenes futbolistas. Contra la Real no confirmaron lo que se cuenta de ellos. El equipo de Arrasate controló todos los registros. Sin balón, ni una broma. Sólo se vieron sonrisas en las celebraciones de los goles. Con la pelota, Griezmann y Vela volvieron locos a los defensas locales. Markel, Zurutuza y Xabi trabajaron en el barro y también en el césped recién cortado.
El Lyon empujó y la Real no se movió. Bravo no pudo tenerlo más claro. El conjunto de Garde chocó contra una muralla de la que salían flechas cuando la pelota cambiaba de bando.
La segunda mitad anunciaba buenas nuevas y llegaron desde lejos, desde muy lejos. La Real montó una contra jugando al primer toque y dejando botar el balón, que se convirtió en conejo. El animal pasó a ser un misil cuando disparó Seferovic, que chutó desde su casa para dejar claro que la Real ha acertado. Anthony Lopes no pudo sacarla. El cañonazo impactó de lleno en la puerta de los franceses.
El 0-2 no relajó a la Real, que podía haberlo dado todo por hecho y dar un paso atrás en la eliminatoria en un par de acciones aisladas. Garde metió a Danic y Bahlouli, pero el camino estaba lleno de piedras. Bravo, ayudado una vez por el larguero y firme en un mano a mano, no paró de tirarlas con sus defensas cuando el Lyon organizó el zafarrancho de combate.
La Real Sociedad, no obstante, no se movió de su sitio. Capeó el temporal, que cesó cuando Bisevac vio su segunda tarjeta. La cartulina y la entrada de Granero y Rubén Pardo sirvieron de tranquilizante. Ese balón ya era de la Real Sociedad, lleno de estrellas.
